Nuevos fragmentos literarios

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lunes, 26 de abril de 2010

Vicente Quirarte




VICENTE QUIRARTE (Ciudad de México, 1954) es doctor en Literatura Mexicana por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México, donde es profesor, así como investigador del Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la misma institución. Es miembro de número de la Academia Mexicana de la Lengua.

En 1989 recibió el Premio Xavier Villaurrutia por su libro El ángel es vampiro. Su poesía reunida fue publicada por la Universidad Nacional Autónoma de México bajo el título Razones del samurai. Su labor ensayística ha transitado por diferentes direcciones: estudios de poesía mexicana como Peces del aire altísimo e Invitación a Gilberto Owen; la relación entre Historia y Literatura, en Vergüenza de los héroes; la literatura fantástica, en títulos como Sintaxis del vampiro y Del monstruo considerado como una de las bellas artes; la anatomía de la urbe, en Enseres para sobrevivir en la ciudad y Elogio de la calle; el análisis de la literatura de viajes escrita por mexicanos en libros como Jerusalén a la vista. Tres viajeros mexicanos en Tierra Santa, publicado por el Instituto Mexiquense de Cultura, al igual que Tras la huella del niño centenario, éste en la Colección Cuadernos de Malinalco.
Como dramaturgo ha escrito y han sido llev a escena sus obras El fantasma del Hotel Alsace. Los últimos días de Óscar Wilde (Premio Sergio Magaña para autor Nacional 2000), Retrato de la joven monstruo. Mary Shelley y compañía y la que ahora publicamos.

Vicente Quirarte - Hay mucho de Penélope en Ulises




Hay mucho de Penélope en Ulises
Vicente Quirarte
Biblioteca Mexiquense del Bicentenario
2009

“Hay un poco de Ulises en Simbad”, escribió André Gide, uno de los autores que integraron el arsenal de lecturas y contribuyeron a modelar la conciencia de la generación mexicana históricamente conocida como los Contemporáneos. Hijos directos de la Revolución, vivieron aceleradamente sus procesos vitales y sus metamorfosis artísticas. El viaje, el amor, el teatro fueron vocaciones practicadas por ellos en nombre de una nueva religión: la velocidad, que otorgaba un sello distintivo a cada uno de sus actos. Hay mucho de Penélope en Ulises pretende capturar el espíritu de una época que modificó de manera radical las formas de ver el arte y la vida.

La obra da comienzo en el interior de una casa de viviendas en el centro de la Ciudad de México, entre marzo y julio de 1928. Un grupo de jóvenes se vale de la curiosidad y la crítica como antídotos contra el tedio y el conformismo, mediante el montaje de la obra de teatro. Ninguno tiene experiencia previa en las artes del escenario. Pero a todos los une la inconformidad contra el imperante nacionalismo, sofocante y mezquino, de su tiempo. Celestino Gorostiza, Antonieta Rivas Mercado, Gilberto Owen, Clementina Otero, Manuel Rodríguez Lozano y demás cofrades experimentan una veloz transformación cuyas consecuencias determinarán el resto de sus vidas.


Fragmento:

ESCENA X

Teatro de Ulises. El escenario está plenamente armado para la representación de El tiempo es sueño de Henri Rene Lenormand. Celestino Gorostiza examina sus notas, voltea al escenario, toma medidas. Entra Gilberto Owen. Lleva el traje desordenado, sin corbata, y en el rostro trae huellas de golpes. Su actitud, con todo, es de su desenfado y buen humor habituales.

CELESTINO: Gilberto, ¿qué te pasó?
GILBERTO: (Sonriendo) Todo.
CELESTINO: Vienes hecho una ruina. Siéntate aquí. ¿Quién te puso así?
GILBERTO: Supongo que yo mismo. La ciudad. El amor. Tuve mucha suerte. Pero mala. Mi ángel de la guarda se durmió borracho mientras a la vuelta mataban a su pupilo.
CELESTINO: ¿Puedes, por un día, por este rato, dejar de hablar como poeta?
GILBERTO: SÍ, señor director. Lo que usted diga. Sin embargo, le recuerdo que estamos fuera del escenario.
CELESTINO: Pues aunque lo estemos, tengo que cuidar a mis ac-tores y que lleguen vivos al siguiente estreno. (Exa¬mina la cortada que Gilberto trae arriba de la ceja izquierda) A ver, déjame ponerte algo en esa herida. Se puede infectar. Aquí debe haber un botiquín. (Lo encuentra y empieza a curarlo) Ya ves. Antonieta piensa en todo.
GILBERTO: En todo, menos en nuestra alma.