Nuevos fragmentos literarios

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lunes, 27 de julio de 2009

Alejandro Ariceaga - Camada Maldita



En “Camada Maldita” —Edición corregida y aumentada— Ariceaga recrea un submundo de seres marginados, fachosos, amantes del desmadre y la bohemia “aquí y ahora”, cuyos escenarios son las calles, cantinas, vecindades y covachas de la capital de los años sesenta. Jugaron la vida bajo su propio riesgo y encontraron en el sexo, las drogas, el alcohol y el “rock”, ante un entorno que los excluía —o del que se autoexcluyeron—, su refugio y su cárcel, su edén y su sepulcro. Aquí está el lenguaje colérico y contestatario del sustrato de una generación que inventó sus propios fetiches, pero que también, en muchos casos, alteró su propio destino o sembró su propia muerte.

miércoles, 24 de junio de 2009

Colección Cruce de milenios. Crónica de nuestros días

Colección orientada básicamente a albergar a narradores y cronistas urbanos, habitantes de las grandes ciudades finiseculares. Estos textos son homenaje a la aventura cotidiana; recuento y relación de las múltiples y fascinantes historias que surgen de los instantes comunes, del diario vivir y convivir. Reminiscencias, nostalgias y vislumbres de la memoria y el deseo.

Entre sus títulos se encuentran:
Pecado de omisión (crónicas, relatos y reflexiones) de Alexander Naime
Camada maldita (narrativa) de Alejandro Ariceaga
Entre cielo y tierra (ensayo) de Augusto Isla
Los ángeles llegaron a Sodoma (narrativa) de Carlos Elizondo Alcaraz

jueves, 7 de mayo de 2009

El infausto eclipse de las hadas de Delfina Careaga



El Instituto Mexiquense de Cultura acrecentará su fondo editorial en este año, y, como ejemplo, en la colección Cruce de milenios, se publicará “El infausto eclipse de las hadas” de Delfina Careaga, un texto de creación literaria en donde la mujer se presenta como el personaje principal.

Este libro contiene 13 narraciones, en donde predomina el papel de la mujer y su angustia por enfrentarse a las cuestiones irreparables de la vida, y, sobretodo, a la muerte.

En “El infausto eclipse de las hadas” el lector estará al filo de la página, gracias a los giros narrativos y sicológicos de los personajes logrados por la autora, quien hace gala de sus dotes como narradora.

Cabe mencionar que Delfina Careaga es una reconocida novelista y dramaturga, que ya ha sido condecorada con el Premio Nacional de Teatro “Emilio Carballido” por su obra “Una tal Raimunda”; con el Ariel de plata gracias a su guión “La tía Alejandra”, además de que recibió la presea estado de México de Artes y Letras “Sor Juana Inés de la Cruz”.

martes, 10 de marzo de 2009

Carlos Elizondo Alcaraz - Los ángeles llegaron a Sodoma

Carlos Elizondo Alcaraz
Los ángeles llegaron a Sodoma
Colección Cruce de milenios

Carlos Elizondo, uno de los más reconocidos sorjuanistas de nuestro tiempo, nos presenta una novela que, aun cuando ha alcanzado ya los seis lustros, no ha perdido su vigencia, pues la prosa del maestro Elizondo sigue tan actual y moderna hoy como en aquellos años.
Gabriel, émulo de aquél arcángel a quien fuera encomendada la Anunciación, busca afanosamente conquistar el corazón de Elena, hermosa mujer que significó para él “apetitos carnales, rapto en grado de tentativa, tremendos sacrificios, algunos atentados al pudor, el templo de Venus y, en el fondo, en sus cimientos, una cruz pesada”.
Una novela que, más que retratar el espíritu de una época, busca revelar los misterios que yacen ocultos en los personajes, cuya psique bien puede verse reflejada en la de cualquier lector. (Cuarta de forros)
Fragmento

Ignoro si es verdad lo de nuestras mitades, pero Platón habla de ello y desde que lo leí me incliné a creerlo. Aristófanes afirma en El Banquete que la humanidad empezó con seres andróginos, completos. Al principio, antes de que nos dividieran, éramos mitad hombre y mitad mujer. Mejor dicho, cada uno de nosotros era, al mismo tiempo y sin conflictos un hombre y una mujer. Y éramos felices porque no nos faltaba nada. Nos asemejábamos a los dioses, por eso los dioses nos partieron.
Desde entonces vivimos mutilados y nos sentimos tristes. Así empezó el peregrinar de cada uno (de la mitad de cada uno) en busca de su complemento. Empezó ese implorar, llorar y sentirnos afligidos. Comenzaron la cólera y los celos, y como los dioses encuentran ese espectáculo divertido, han amenazado con dividirnos una vez más, rediciéndonos a cuartas partes, para hacer más complicada aún, y más entretenida, la tarea de encontrarnos.
Actualmente, cada hombre lleva dentro de sí, como un anhelo vago, la imagen borrosa, diluida, de su mujer ideal, que no es sino el recuerdo de la mitad que, aun antes de nacer, le fue quitada, y es cosa de verdadera suerte encontrarla; pues la buscamos a ciegas, al tanteo, y casi nunca acertamos.
Podemos reconocer fácilmente a las mitades que no se encuentran. Son mitades hambrientas. Si signo es la soledad. Su síntoma la melancolía. Y como están insatisfechas, se adhieren a otras mitades que les salen al paso. Efectúan uniones y sumas equivocadas, con deplorables resultados; pues, en pleno abrazo, cada mitad sigue buscando, y acaban por separarse, o siguen viviendo juntas, y eso se torna más grave todavía. Aparece un nuevo síntoma: el hastío, y un nuevo signo: la desesperación. Hasta que al más débil se le acaban las fuerzas, o se les acaban a los dos, y mueren agotados.
El amor fracasa constantemente; se extingue sin alcanzar su plenitud, porque insistimos en afianzar nexos inadecuados o ficticios, alianzas que nunca resultarán bien, como la que voy a relatar en este libro. (pp. 12-13)

viernes, 6 de marzo de 2009

Augusto Isla - Semillas en espera


A pesar de la diversidad de asuntos, hay ciertos hilos conductores, los que se desprenden de la visión de un moralista, no en el sentido de alguien que predica valores podridos, sino de quien observa actitudes individuales o colectivas, reveladoras de ambiciones, crueldades, intolerancias, miserias humanas; pero también de afanes, devociones, promesas; luces y sombras, entre divertidas y dramáticas de un escéptico que, al propio tiempo, confía en el hallazgo fortuito de una hierba medicinal que lo salve y acaso sea la escritura misma.
Los temas, rescatados de la pirotécnia cotidiana, dan para mucho más, tal vez para una indagación de toda la vida. Pero por lo pronto, están aquí, como semillas en espera.



Fragmento

En una ocasión, leí a Fernández, el relato de un amigo que apetecía su juicio. Al concluir, me dijo: está bien escrito lo podría firmar un narrador del siglo XIX. Fernández es un escritor contemporáneo. No van con él los folletones, las anécdotas narradas con pulcritud lineal. El idioma es su protagonista. ¿Escritura para hoy? Tal vez para la posteridad: arte para artistas. Lo asocio con Magris, con Calasso, ese par de monstruos —italianos tenían que ser— en cuyas grutas conviven los géneros literarios, con esa misma libertad que priva en toda obra de arte contemporáneo: una película Godard, una pintura de Kandinsky o una improvisación virtuosa de Charlie Parker. (pp. 70-71)

Augusto Isla - Entre cielo y tierra


Augusto Isla
Entre cielo y tierra
Colección Cruce de Milenios

La Utopía de Tomás Moro, las reformas de Giordano Bruno, la ciudad solar de Campanella, la fraternidad de Francisco de Asís y de Joaquín de Fiore; los hospitales de Vasco de Quiroga, las Reducciones Jesuitas de Paraguay y de Misiones, la utopía democrática basada en la libertad, la igualdad y la fraternidad, los sueños de Marx, el socialismo utópico y el anarquismo, el milenarismo que en Portugal se llamó sebastianismo y en Brasil siguió los pasos de Antonio, el Consejero… éstas son algunas de las utopías que terminaron en el cadalso de Tomás Moro, en la hoguera de Giordano Bruno, en la destrucción de las misiones, en la superchería que desvirtuó a la democracia, en la “nomenklatura” crudelísima y arrogante, en las luchas entre grupos y subgrupos, en la represión y en el triunfo de la demagogia. Augusto Isla las ve oscilando entre el cielo y la tierra y las siente palpitar, de muy variadas formas, en la obra de Wilde, de Wells y de Orwell. (Hugo Gutiérrez Vera, del Prólogo)



Fragmento


En aquellos siglos de transición entre los siglos XIX y XX se respira un clima futurista del cual dejaron constancia Camile Flammarion en El fin del mundo (1893), Jack London, cuya obra, El talón de hierro (1907) predice el advenimiento del fascismo, y Georges Méliès, quien imagina ya un Viaje a la luna (1902) en su célebre cortometraje, por sólo citar tres ejemplares de inquietantes percepciones acerca de las potencialidades ambiguas de Occidente: la hazaña y la catástrofe. Un astrónomo, un escritor, un cineasta pionero comparten con Wells ese desasosiego del hombre moderno, sus temores, sus entusiasmos, su confianza, pero es Wells quien mejor saca provecho utópico de las incertidumbres.

Bertha Balestra - Fuera de cauce


Este libro manifiesta, con la exactitud del lenguaje, la frustrante realidad de Miguel y Mireya, dos personajes de la sociedad que llegan a trastornar sus vidas con el objetivo de alcanzar la fama, hecho producido por el impacto de los fenómenos televisivos como el concurso Big Brother o el Gran Hermano, en donde las cámaras vigilan todo lo que hacen los participantes. Este reality show tiene su fundamento en un personaje de la novela 1984, de George Orwell, donde se trata de evidenciar a los gobiernos autoritarios que patrullan excesivamente a sus ciudadanos.
Bertha Balestra recrea la popularización de este espectáculo, haciendo llegar al lector la incómoda y frívola realidad que optan quienes pretenden ser parte de él. Con mesura y de gran aportación a la crítica del comportamiento instintivo, esta novela es de fácil acceso y de gran reflexión ante nuestra cultura que cada vez está más Fuera de cauce.



Fragmento

—¿Me permite grabar la conversación?
—Está bien. Pero sin decir quién soy. Hablaré, como quien dice, a nombre del río; él mismo me advirtió que tendría que hacerlo algún día, convertirme en su voz.
Carlos se apresura a colocar la pequeña grabadora.
—¿El río le advirtió…?
—Sí, allá abajo, cuando nos metimos. Primero parecía sólo ruido, un rugido muy fuerte que no nos dejaba oírnos, lo que decíamos entre nosotros, se lo comía. Pero luego empecé a distinguir quejidos, palabras. Me estaba hablando.
—¿Todos distinguían las palabras?
—No. Sólo uno de mis compañeros, el Güero, que en paz descanse y yo. Lo platicamos después con unos alcoholitos. Porque ya ve usted, cuando la gente oye y ve cosas digamos raras, parece que cuesta contarlo, nadie quiere aceptarlas, aunque a todos les han pasado, pero se las callan, las niegan, como si fueran de vergüenza. Nicho y el Corcholata decían que no oyeron nada de eso.
—¿Y qué le dijo, don Cleto, de qué habló el río?
—Uuh, pues hartas cosas. Se quejaba de estar ahí encerrado, bajo la tierra, como si fuera un difunto. Pero más de la cantidad de porquerías que le avientan; porque había de ver cómo está esto. En vez de un río como se debe, con su agua corriendo, allí pasan animales muertos, caca, toallas de esas de las mujeres, bolsas, latas, ropa. Vimos un colchón podrido, pedazos de llanta.
—¿Y lloraba, dice usted?
—Como plañidera; aullaba. Pero también amenazó. Dijo que iba a salirse de esa cárcel, que iba a regresar para arriba, donde lo vieran. A mí, qué le digo, me daba tristeza; me conmovía, como si fuera una persona allí encerrada por años, siendo inocente. Imagínese usted que lo metieran en un hoyo y le echaran toda esa mugre día con día. (pp. 66-67)



Balestra, Bertha, Fuera de cauce. Instituto Mexiquense de Cultura, Toluca, 2008. Colección Cruce de Milenios.


jueves, 5 de marzo de 2009

Alexander Naime - Pecado de omisión

El viejo esperaba dentro de su soledad fría, misteriosa, casi fantasmal… yo no lo sabía… no sé si fue el azar o el destino lo que me llevó hasta él. ¿Me esperaba a mí?¿Esperaba a alguien más? ¿O no esperaba? Nunca lo sabré, pero lo recuerdo tirado al pie de la Catedral de Toluca, bajo esas piedras grises como de lápida.
Cuenta la historia de un hombre encerrado en un ápoca, sus frustraciones, su amargo pensamiento crítico por el abuso de la tecnología, de la burocracia y de la superficialidad de las sociedades de nuestro tiempo que modifican radicalmente el devenir humano.
ALEXNADER NAIME, a través de una narrativa dramática y divertida, plasma la cotidianidad contemporánea para reflexionar sobre los diversos comportamientos del hombre.
(Cuarta de forros)


Fragmento
Volver a la libertad
Todos habían decidido volver a la libertad. Querían recuperar su propia voz, su verdadera expresión, volver a ser sujetos activos de un futuro que se les había perdido por los últimos años de alta tecnología, de medios audiovisuales, que poco a poco habían hecho que se les desprendiera primero la memoria, en seguida la capacidad de razonar, luego la de hablar, después la de tener imaginación propia y, por último, la capacidad de ser.
Habían perdido la conciencia de su propio cuerpo, casi de su particular existencia, hasta que se llenaron de todas las imágenes y de las sensaciones que se podrían transmitir a través de las realidades virtuales en las que vivían.
Todos habían tenido la enfermedad común de la época: el olvido de sí mismos, de las pequeñas realidades que a cada uno le quedan.
Reaccionaron gracias a una parte del cerebro que no evolucionó, la cual aún guardaba características de los cerebros antiguos: la de sentir y la de amar; éste síntoma era una locura por la que fueron confinados a espacios aislados, lejos de la época, espacios viejos, espacios inexistentes.
Así sucedió, emprendieron una nueva vida, libre, en ese espacio antiguo. Ahí los olvidaron.
Había flores y su olfato despertó, escucharon algunos murmullos de pájaros y sobretodo imaginaron que ellos eran… ellos mismos. (p. 27)

miércoles, 4 de marzo de 2009

El enigma de Carmen - Eduardo Osorio

El enigma de Carmen (Diálogos para su réquiem)

En la línea argumentativa que trazaron autores como Thompson, Chandler y Hammett —diálogos cortantes, frases descriptivas, personajes con conductas erráticas—, Eduaro Osorio nos presenta una novela que nos hace rememorar lo mejor del género negro: una visión catastrófica —pero real— del mundo y de la sociedad, en donde todos podemos ser culpables.
La doctora Carmen Dultzin, reconocida ambientalista, es hallada muerta en su departamento. ¿Quién es el asesino? ¿El ex marido, eminente diplomático? ¿El portero del edificio, ex guerrillero y ex presidiario? ¿O pudo ser alguno de sus amantes, un juez, un joven diseñador, un ex diputado, entre otros?
Una historia inmersa en un universo caótico, cruel, violento, en donde los personajes resultan viciosos, autodestructivos, intentando conocer por aproximaciones —sólo cuando alguien muere descubrimos que nunca lo conocimos, Eric Berne dixit— quién fue Carmen: un enigma superior a quien la mató.
(Tomado de la cuarta de forros)

Fragmento

5. CRIMEN PERFECTO

LOS AMORES DE CARMEN concluían en un crimen perfecto: después de aquella parranda que alcanzó el alba de Garibaldi, ella, con su déjà vu pasmoso tras la sonrisa inocente, , comentó que el antropólogo no era el único amante suicida, ni sería el último que muriera por ella. "De todos los que amenazan morir por mis huesitos, pocos cumplen su promesa". Momentos del amor que dice y escucha todo, para retornar después, en instantes de reproche, cuando impera el odio. Frases impensadas las de ella; cáusticas, frías, que oscilaban entre amargura risueña y banalidad atormentada, sopesando por rutina la resistencia del macho.
—¡Fíjate, pendejo!
Contra la costumbre, no respondió al insulto del taxista y con excesiva cautela estacionó el Peugeot color vino a las afueras de una discoteca de neón y cristales que disimulaba un prostíbulo estruendoso. Le urgía sacudirse aquel aturdimiento que anieblaba sus sentidos. Le apremiaba dominar el nuevo escenario de vida y encontrar detalles rotundos para comprender la tragedia. Sin embargo, el bombardeo de noticias sobre el asesinato de la doctora Carmen Dultzin empezaba a diluírse entre días lluviosos y catástrofes propias de la temporada. El rumbo de las pesquisas policíacas erraba como el gato desconcertado por una hembra que ha cancelado sus efluvios carnales a causa de la preñez. (p. 32)

Osorio, Eduardo, El enigma de Carmen (Diálogos para su réquiem), Instituto Mexiquense de Cultura, 2008. Colección Cruce de Milenios