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Nuevos fragmentos literarios

miércoles 26 de enero de 2011

¡Te regalamos un libro!


El Fondo Editorial del Instituto Mexiquense de Cultura te regala cinco de los textos que ha publicado recientemente, para llevártelos sólo tienes que contestar las siguientes preguntas:

1.- Menciona 2 revistas publicadas por el IMC
2.- ¿Cuál es el nombre del programa literario del IMC que se lleva a cabo los días martes en la Biblioteca Central?
3.-¿Hasta qué número de Castálida se ha publicado?
4.- Menciona una obra que el IMC haya coeditado con otra institución

Manda tus respuestas a librosimc@gmail.com con asunto QUIERO UN LIBRO.Los primeros en contestar correctamente se llevan su ejemplar.¡Suerte!

viernes 21 de enero de 2011

"El jardín de los eucaliptos" de Umberto Almanza

Las variaciones del amor y la belleza en "El jardín de los eucaliptos"
Por Margarita Hernández



La naturaleza nos alecciona: la implacabilidad de sus leyes nos recuerdan la maravillosa fragilidad de nuestra existencia. Más allá de las tentativas de la civilización, seguimos siendo criaturas certeramente finitas, al arbitrio de ciclos de vida y de muerte. Alrededor de estas premisas, luminosas y angustiantes a un tiempo, Umberto Almanza ofrece “El jardín de los eucaliptos”, una primera novela que recoge una historia de amor misterioso y, de manera paralela, atestigua una intensa pasión por los movimientos interiores de un árbol tan simbólico como el eucalipto.

Publicado por el Instituto Mexiquense de Cultura e incluido en Piedra de Fundación y la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario, este libro reúne, en un relato breve y de enorme belleza, la vasta experiencia de Almanza. Su trato constante con la palabra lo ha llevado a desempeñarse como cantautor, actor, locutor y musicalizador; además, ha sido promotor cultural y docente.

De esta manera, no es extraño que “El jardín de los eucaliptos” posea un espíritu cercano a la canción popular, sumado a un ritmo lírico que, por momentos, se resuelve en la misma seducción del lenguaje. Así lo señala Marco Aurelio Chávezmaya en el prólogo correspondiente, en el cual también profundiza en las características centrales del texto; de este modo, añade que no se trata solamente de “una bien aceitada pieza verbal, sino un entramado narrativo pleno de resonancias sensuales”.

Éstas se verifican en un sentido muy amplio, pues remiten al espectro de la sensibilidad humana. Los primeros dos apartados, “Caldo de camarón” y “Té de eucalipto”, presentan un repertorio de aromas, sonidos, provocaciones visuales y alusiones táctiles que derivan en un ambiente íntimo, cálido y confesional. Mientras el primero de ellos captura la visión cotidiana de tres voces entrelazadas, apenas diferenciadas por la tipografía y el estilo del discurso, el segundo reproduce un diario agonizante, centrado en la silenciosa evolución de un jardín poblado de recuerdos. En el trayecto, el autor recuerda el descubrimiento del mundo; de esta manera, explora las interacciones entre la vida y la muerte, vinculadas, de acuerdo con los personajes, con “el ritmo dionisiaco de la vida”.

A su vez, éste se traslada de forma simbólica en el eucalipto, que nunca nace ni muere por completo; así, el paisaje cobra una autonomía que también se propaga por “Eucaliptos decapitados”, la tercera parte del libro. En ella, una investigación policial revela los últimos retazos de un relato dolorosamente desgarrador y, en un juego de paralelismos, intenta dilucidar los acontecimientos desarrollados en el jardín, desde la muerte de los amantes hasta el hallazgo de un tercer cuerpo, curiosamente embalsamado.

Con estos elementos, Almanza construye un texto esencialmente dialéctico, en el cual la participación del lector resulta fundamental, no sólo para aprehender un despliegue de evocaciones y metáforas que ponen de manifiesto las expresiones de su sensibilidad, sino para resolver el corazón de los misterios de la trama. Así, “El jardín de los eucaliptos” se erige como una lectura memorable, que contiene los mejores elementos de la tradición literaria mexicana, desde la relación mística entre la vida y la muerte hasta su superación por medio del amor.

Umberto Almanza, “El jardín de los eucaliptos”, Instituto Mexiquense de Cultura (col. Piedra de Fundación / Biblioteca Mexiquense del Bicentenario), Toluca, 2009, 74 pp.

"El dolor de los iluminados" de Lizbeth Padilla

El misticismo de lo cotidiano en "El dolor de los iluminados"
Por Margarita Hernández



Desde nuestro nacimiento, el primer asombro es la luz. A lo largo de los años, acechados por la sorpresa, nos dejamos deslumbrar por las brasas de la existencia: el descubrimiento de amor, la divinidad y la pasión intelectual. Estos elementos se condensan en “El dolor de los iluminados”, un volumen de poesía de Lizbeth Padilla que recorre, con un lenguaje bello y enigmático, los intrincados laberintos entre el misticismo y la vida cotidiana.

Publicado por el Instituto Mexiquense de Cultura e incluido en El Corazón y los Confines y la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario, el volumen comienza con un breve epígrafe de John Milton que evoca la frágil relación entre la luz y la mirada humana. A través de versos sentenciosos de largo aliento –“la luz es una gota que besa la intimidad del ojo”–, la autora de “Ritual de juegos efímeros” centra su discurso en el espíritu contradictorio que anima todo deslumbramiento, desde la quemadura del deseo hasta el silencio de la plenitud; desde la profundidad de la mitología hasta la intensidad de la vida moderna.

Para ello, recurre a una variedad de voces, las cuales se despliegan en cuatro apartados unitarios, que comparten hilos temáticos y difieren en intenciones. Así, la primera sección, denominada “Las suplicantes”, describe “la terrible obediencia de las heroínas”; es decir, los destinos sagrados de Judith, Medea, Perséfone, Casandra, Cleopatra y Medusa, entre otros personajes que, más allá de las divergencias de sus fuentes, permanecen unidos alrededor de las bendiciones y los estragos del llamado divino. De este modo, titubeantes entre el luto y la alegría, con el alma expuesta ante el amor y el designio de los dioses, estas mujeres relatan su contacto con los frutos amargos de la sabiduría.

Páginas más adelante, en “La vidente ceguera”, las presencias de Jorge Luis Borges, John Milton, Wolfgang von Goethe y Johann Sebastian Bach exploran esta misma vertiente; sin embargo, los poemas aspiran a desvelar las iluminaciones del arte a pesar de la anulación de los sentidos. Confluyentes en su capacidad para percibir más allá de los puntos de vista convencionales, el clamor de sus voces contrasta con el contenido de “Los que guardan silencio”, apartado en el cual la sensualidad y el erotismo trascienden la pura belleza física para desembocar en el hallazgo de la inteligencia y la virtud.

Con esta diversidad de elementos, “El dolor de los iluminados” se constituye en una trama de palabras fundidas en una impresión sensorial duradera. Los cincuenta y cuatro poemas que agrupa Lizbeth Padilla en este volumen se sumergen por igual en el furor místico y en la urgencia amorosa, desde sus perspectivas míticas hasta sus matices épicos. Por ello, a pesar de su denso hálito perturbador, se define como un recordatorio de que “todo grita la condición efímera del mundo”. Por esta razón, hay que disfrutar sus sagrados desalientos y su terrible belleza, más allá del momento inmediato.

Lizbeth Padilla, “El dolor de los iluminados”, Instituto Mexiquense de Cultura (col. El Corazón y los Confines / Biblioteca Mexiquense del Bicentenario), Toluca, 2008, 87 pp.

“Los ángeles llegaron a Sodoma" de Carlos Elizondo Alcaraz

Influencias literarias actualizadas en "Los ángeles llegaron a Sodoma"
Por Margarita Hernández



Flexible y receptiva por definición, la literatura se alimenta de toda clase de influencias, desde las experiencias vitales de sus autores –esenciales para la creación– hasta un rico sistema de referencias propias, sin olvidar disciplinas afines, como la filosofía y la historia, o artes enlazadas con sus elementos centrales, como el teatro y el cine. De esta manera, se constituye como el estuario en que confluyen pasado y presente; ideas y contradicciones; sucesos y vaticinios; autenticidades ficticias.

En estos territorios se desarrolla “Los ángeles llegaron a Sodoma”, una novela de Carlos Elizondo Alcaraz publicada por el Instituto Mexiquense de Cultura e incluida en Cruce de Milenios y la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario. Con interesantes resonancias de los Contemporáneos, esta narración recurre a temas clásicos, como la introspección y el amor contrariado, para exponer una visión sobre las particularidades y las posibilidades de las relaciones humanas.

Para ello, el narrador emplea un estilo sencillo, pero altamente efectivo, en el que el tiempo y el espacio se encuentran definidos y estables, a diferencia de la noción experimental que predomina en la novela actual: empero, no se trata de una asociación gratuita, pues esta pieza literaria fue escrita hace tres décadas. Del mismo modo, los personajes se revelan concretos y trascendentales, alimentados por el aliento mítico que proviene del propio nombre del libro. Así, surgen con la densidad de la mitología bíblica, que impregna, por ejemplo, su concepción del amor: “los dioses también saben ser condescendientes. Después del terrible castigo de Sodoma, se dignaron otorgar su benevolencia y han permitido que otras personas lo sigan alentando como algo que forma parte de inseparable de nosotros mismos. Por ello, el amor sigue desplegando nerviosamente sus alas y manifestándose en formas delirantes”

Estas reminiscencias se nutren, también, con alusiones a “El Banquete”, uno de los más célebres diálogos de Platón, y a “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, el libro más popular de Pablo Neruda. No obstante, alrededor de este abrevadero de diálogos y coincidencias, se extiende una magnífica obra literaria, que sabe encontrar su propia originalidad en la intersección de otros conceptos adyacentes el amor, como los ideales, que se asemejan a “un árbol imaginario sin raíces”, o las pasiones, que se definen como un “mar ardiente”. Sin duda “Los ángeles llegaron a Sodoma” se lee con un cautivador sabor a sorpresa, que va más allá de sus reflejos en la tradición literaria.

Carlos Elizondo Alcaraz, "Los ángeles llegaron a Sodoma", Instituto Mexiquense de Cultura (col. Cruce de Milenios / Biblioteca Mexiquense del Bicentenario), Toluca, 2007, 126 pp.