lunes 28 de febrero de 2011
En la Feria Internacional del Libro Metepec se trasladó al Palacio de Minería
Dentro del segundo día de actividades de la trigésimo segunda edición de la Feria Internacional del Palacio de Minería, que este año tiene como invitado al Estado de México (FILPM), el Instituto Mexiquense de Cultura, en colaboración con el Ayuntamiento de Metepec, llevó a cabo la presentación de los libros “Recuerdos de futbol en Metepec, emoción de veras”, de Bertha Balestra, y “Centro histórico de Metepec” de Cristian Reynoso.
El Pabellón Estado de México fue la sede donde se realizó la doble presentación de estos libros, que hablan sobre la cultura y las actividades de este municipio, que se ha convertido en uno de los más representativos del Estado de México, principalmente por la producción artesanal en barro. Recordemos que, en esta edición de la FILPM, el espacio destinado a colocar un busto de algún escritor destacado de la entidad invitada, es ocupado por un árbol de la vida con las figuras de los escritores más destacados del Estado de México.
La cronista municipal de Metepec, Bertha Balestra, inició la presentación con un breve repaso de la historia del municipio, desde los primeros asentamientos humanos, pasando por la dominación mexica y española, etapa en que se realiza la construcción del Convento Franciscano de San Juan Bautista y las capillas de cada uno de los barrios y pueblos. Al respecto, el investigador Cristian Reynoso indicó que el nombre de los pueblos y barrios sobrevivió a la Conquista, ya que los españoles sólo antepusieron el nombre de un santo al ya existente. De esta forma, San Francisco Coauxusco, San Miguel Totocuitlapilco, San Lorenzo Coacalco, por mencionar algunos, conservan su nombre precolombino hasta el día de hoy.
Una situación similar es la romería que se realiza por las calles de Metepec en el mes de mayo para ofrecer a San Isidro retablos elaborados con semillas, con la finalidad de obtener una buena cosecha. Reynoso comentó que esta festividad es muy antigua y, en un inicio, estaba dedicada a San Juan Bautista y la participación de las mujeres no estaba permitida por el peligro que representaban las bestias de tiro; sin embargo, no se podía dejar de reconocer la participación de la mujer en la agricultura, razón por la cual algunos hombres se disfrazaban de mujeres.
Asimismo, Bertha Balestra, quien también preside la Asociación Civil “Al rescate de nuestro patrimonio cultural de Metepec”, indicó que el libro “Recuerdos de futbol en Metepec, emoción de veras” es la historia de los primeros promotores de este deporte, quienes comenzaron a organizar a los niños y vecinos que practicaban este deporte en los atrios de las iglesias o terrenos improvisados como campos. Esta serie de crónicas inician pocos años después de que los mineros ingleses introdujeran el deporte en nuestro país y se enriquece con la investigación “en campo” que realizó la autora, mediante la cual pudo entrevistarse con personajes que compartieron sus recuerdos y aventuras que vivieron para dotar de uniformes, entrenamientos y competencias con clubes de otros municipios.
Al finalizar el evento, ambos escritores recibieron un reconocimiento y un paquete de libros editados por el IMC de manos del director general de este Instituto, Agustín Gasca Pliego. La participación del IMC en la XXXII FILPM continuará con presentaciones literarias, la intervención del Octeto Vocal del IMC y la Compañía de Marionetas del IMC. Para más detalles, puede consultar www.librosimc.blogspot.com.
En el Museo de Numismática se presentó el libro de investigación científica “Estudios globales de cambios locales"”
En el Museo de Numismática, administrado por el Instituto Mexiquense de Cultura, se llevó a cabo la presentación del libro “Estudios globales de cambios locales: el clima de la zona metropolitana de la ciudad de Toluca”. En esta edición de la Universidad Autónoma del Estado de México se plasma la investigación sobre el proceso de cambio climático que sufre actualmente Toluca y sus consecuencias, tanto en los recursos naturales como en los habitantes. Entre los investigadores participantes se encuentran Miguel Ángel Balderas Plata y José Manuel Camacho Sanabria.
viernes 25 de febrero de 2011
El lenguaje desbordado en “Calíope baila con el poeta ebrio”, de Carlos Ramírez Vuelvas
Por Margarita Hernández
La poesía, por definición, sacude el lenguaje y la conciencia. Ya lo sentenciaba Arthur Rimbaud, uno de los escritores europeos más provocativos de su tiempo: “el poeta debe hacerse vidente a través de un razonado desarreglo de todos los sentidos”. Como resultado, su trabajo encarnaría una palabra renovada, llena de matices recobrados y resignificados, en los cuales se transparentaría una óptica distinta, capaz de evocar el aliento fundacional, tan asombrado como tempestuoso, que pervive en cada ser humano.
Estas premisas se encuentran presentes en “Calíope baila con el poeta ebrio”, un volumen de Carlos Ramírez Vuelvas publicado por el Instituto Mexiquense de Cultura e incluido en El Corazón y los Confines y la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario. Organizado en tres fragmentos temáticos –“El poeta ebrio”, “Otras tormentas de verano” y “Musa mata poeta” –, recurre a un lenguaje de gran intensidad, cimentado en la abundancia y la sensibilidad, para reflexionar alrededor del amor, el cuerpo femenino, la ensoñación, la propia poesía y algunas figuras relevantes de la literatura, la música y la cultura popular.
Así, con un aliento lejano a las convenciones, Ramírez Vuelvas propone auténticos diluvios verbales, en los cuales la expresividad se concreta mediante metáforas que reconcilian el lenguaje consagrado con el profano; la delicada intensidad del discurso amoroso con las súbitas revelaciones de un entorno que naufraga y se transforma. De este modo, mientras la mujer despliega un cuerpo sensual, abierto y receptivo, en el que conviven el artificio y la naturaleza, la tierra enfrenta terremotos, el mar se desnuda en la marea y la voz lírica, en el centro de sus conmociones, proclama que “nada nos pertenece si no es la Maravilla”.
De esta constante condición de sorpresa surge una continua identificación con la ebriedad, que asume distintos significados: como estado de exploración sensorial o como catalizador de la creación poética, se traduce en una “euforia encendida de percibirlo todo”. Ésta, a su vez, se prolonga en otros personajes que comparten, en distintas manifestaciones, el impulso bárdico y genésico del poeta. De esta manera, Rubén Darío, William Butler Yeats, Thelonious Monk, John Lennon, Syd Barret y Jossie Bliss, entre otros, se unen en un canto por el mismo anhelo de experimentación y de vida.
En última instancia, “Calíope baila con el poeta ebrio” abreva en una naciente tradición de literatura que, por una parte, confirma sus basamentos clásicos; por otro lado, sondea en la posibilidades del lenguaje desde una perspectiva abierta y sugerente, tendiente a jugar con los sentidos directos, los juegos de palabras y su disposición en la página en blanco. Sin duda, estas características lo convierten en una lectura digna de varias revisiones, para aprehender completamente su aura de apasionada vitalidad.
Carlos Ramírez Vuelvas, "Calíope baila con el poeta ebrio", Instituto Mexiquense de Cultura (El Corazón y los Confines / Biblioteca Mexiquense del Bicentenario), Toluca, 2009, 62 pp.
La poesía, por definición, sacude el lenguaje y la conciencia. Ya lo sentenciaba Arthur Rimbaud, uno de los escritores europeos más provocativos de su tiempo: “el poeta debe hacerse vidente a través de un razonado desarreglo de todos los sentidos”. Como resultado, su trabajo encarnaría una palabra renovada, llena de matices recobrados y resignificados, en los cuales se transparentaría una óptica distinta, capaz de evocar el aliento fundacional, tan asombrado como tempestuoso, que pervive en cada ser humano.
Estas premisas se encuentran presentes en “Calíope baila con el poeta ebrio”, un volumen de Carlos Ramírez Vuelvas publicado por el Instituto Mexiquense de Cultura e incluido en El Corazón y los Confines y la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario. Organizado en tres fragmentos temáticos –“El poeta ebrio”, “Otras tormentas de verano” y “Musa mata poeta” –, recurre a un lenguaje de gran intensidad, cimentado en la abundancia y la sensibilidad, para reflexionar alrededor del amor, el cuerpo femenino, la ensoñación, la propia poesía y algunas figuras relevantes de la literatura, la música y la cultura popular.
Así, con un aliento lejano a las convenciones, Ramírez Vuelvas propone auténticos diluvios verbales, en los cuales la expresividad se concreta mediante metáforas que reconcilian el lenguaje consagrado con el profano; la delicada intensidad del discurso amoroso con las súbitas revelaciones de un entorno que naufraga y se transforma. De este modo, mientras la mujer despliega un cuerpo sensual, abierto y receptivo, en el que conviven el artificio y la naturaleza, la tierra enfrenta terremotos, el mar se desnuda en la marea y la voz lírica, en el centro de sus conmociones, proclama que “nada nos pertenece si no es la Maravilla”.
De esta constante condición de sorpresa surge una continua identificación con la ebriedad, que asume distintos significados: como estado de exploración sensorial o como catalizador de la creación poética, se traduce en una “euforia encendida de percibirlo todo”. Ésta, a su vez, se prolonga en otros personajes que comparten, en distintas manifestaciones, el impulso bárdico y genésico del poeta. De esta manera, Rubén Darío, William Butler Yeats, Thelonious Monk, John Lennon, Syd Barret y Jossie Bliss, entre otros, se unen en un canto por el mismo anhelo de experimentación y de vida.
En última instancia, “Calíope baila con el poeta ebrio” abreva en una naciente tradición de literatura que, por una parte, confirma sus basamentos clásicos; por otro lado, sondea en la posibilidades del lenguaje desde una perspectiva abierta y sugerente, tendiente a jugar con los sentidos directos, los juegos de palabras y su disposición en la página en blanco. Sin duda, estas características lo convierten en una lectura digna de varias revisiones, para aprehender completamente su aura de apasionada vitalidad.
Carlos Ramírez Vuelvas, "Calíope baila con el poeta ebrio", Instituto Mexiquense de Cultura (El Corazón y los Confines / Biblioteca Mexiquense del Bicentenario), Toluca, 2009, 62 pp.
viernes 18 de febrero de 2011
El Fondo Editorial del instituto Mexiquense de Cultura, invitado de honor en la Feria del libro del Palacio de Minería

La 32 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), que se realizará del 23 de febrero al 6 de marzo, tendrá este año más de mil actividades culturales, con la participación de alrededor de 400 sellos editoriales. El Estado de México será el invitado de honor, con una destacada intervención del Fondo Editorial del Instituto Mexiquense de Cultura, que también resalta como uno de los más importantes del país.
Año con año, el Fondo Editorial del Instituto Mexiquense de Cultura se ha acrecentado, en apoyo a los creadores, historiadores, investigadores y traductores mexiquenses. Así, en la actualidad, ha logrado publicar más de 900 títulos, la mayoría de los cuales se encuentran agrupados en nueve colecciones y dos publicaciones periódicas: “Castálida” y “Expresión Antropológica”.
Del 24 de febrero al 3 de marzo, se llevarán a cabo once presentaciones de libros en la mencionada Feria, los cuales son: “Recuerdo del futbol en Metepec”, “Centro Histórico de Metepec” y “Con una atenta posdata”; “Modelo vivo”, un volumen de cuentos; “Viaje a Nueva York”, “Visita a Londres” y “Viaje de un mexicano a Europa”, de la colección Ojos de papel volando; así como la antología “El mar y el hombre” y el libro “El infausto eclipse de las hadas”, para cerrar el 3 de marzo con “El León y el andrógino”.
Entre las actividades que realizará el Estado de México, se cuentan 66 presentaciones editoriales, 10 lecturas, ocho conferencias, ocho talleres y 12 actividades artísticas, como conciertos de jazz, música tradicional indígena, los Niños Cantores del Valle de Chalco y el Octeto Vocal del Instituto Mexiquense de Cultura.
La 32 Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería se desarrollará en Tacuba no. 5, en la Plaza Manuel Tolsá, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.
En la Biblioteca Pública “Centenario de la Revolución” se presentó el libro “SAN JUAN BAUTISTA, VÁSTAGOS DE DOS CULTURAS DE METEPEC”
En la Biblioteca Pública “Centenario de la Revolución”, del Instituto Mexiquense de Cultura, se presentó el libro “San Juan Bautista, vástagos de dos culturas de Metepec”, de María Teresa Jarquín Ortega y Bertha Balestra. En presencia de Agustín Gasca Pliego, director general del Instituto Mexiquense de Cultura, alumnos de preparatoria y público en general conocieron datos generales de este texto, que forma parte de la Colección Mayor de la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario y recopila los hechos más trascendentes de este municipio.
viernes 11 de febrero de 2011
Ignacio Gil presentó el libro "Monografía de Tlacotepec y muestra de objetos"

El Instituto Mexiquense de Cultura, en su compromiso con la difusión y el fomento de las manifestaciones que configuran y enriquecen la identidad del Estado de México, presentó, en el programa “Martes Literarios”, al historiador Ignacio Gil Dolores, quien dio a conocer su más reciente libro “Monografía de Tlacotepec y muestra de objetos”.
Esta actividad, que se lleva a cabo periódicamente en la Biblioteca Pública Central Estatal, estuvo presidida por Álvaro Vargas Cruz, director del mencionado recinto cultural; Sharon Lara Díaz, representante del Ayuntamiento de Toluca, y el autor, así como algunos de sus colaboradores cercanos.
Durante la charla, el autor explicó la importancia de que la población conozca los orígenes de sus pueblos, ya que es una manera de fortalecer su identidad y poder proyectarse en el futuro. Destacó también la participación de los niños en la educación y la cultura de nuestro país, pues indicó que la escuela les permite adentrarse en el universo del saber y el conocimiento, una de las herramientas que más necesita México para salir adelante.
El libro, destacó Gil Dolores, contiene una profunda investigación sobre los orígenes matlatzincas del municipio de Santiago de Tlacotepec; sobre la riqueza de sus mitos, su gente y su cultura. Asimismo, presenta un arduo trabajo de recopilación y análisis de uno de los tópicos más importantes de ese municipio: el de los vestigios arqueológicos. De la misma manera, señala que cada vez son más las piezas arqueológicas que se encuentran en este lugar y que es importante que la población sea informada sobre el valor cultural de estas piezas.
A la presentación se llevaron algunas muestras de estos vestigios; de igual forma, uno de los coleccionistas recitó un poema de gran riqueza estética, que enfatizó no sólo la belleza de sus cantares indígenas, sino la visión y valentía de un pueblo que aún persiste en el tiempo.
La intensidad de las voces colectivas en "El mar y el hombre" de Saint John Perse
Por Margarita Hernández
Una voz de ardientes temblores, con la misma proporción de ternura y de impulsos destructivos, impregna la poesía de Saint-John Perse. Este escritor francés, traductor de tempestades y silencios, construyó una obra esencial para la poesía francesa del siglo XX, cuyo resplandor también han alcanzado el horizonte de la literatura latinoamericana. Por estas razones, el Instituto Mexiquense de Cultura se ha encargado de la reedición de “El mar y el hombre”, una breve antología seleccionada y prologada por Raúl Cáceres Carenzo, quien también destaca como uno de los poetas y dramaturgos más memorables de nuestra entidad.
Incluido en Raíz del Hombre y la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario, este libro reúne una sucesión de textos del también diplomático galo, algunos extraídos de volúmenes tan trascendentales como “Exilio”, “Elogios”, “Anábasis”, “Mares”, “Lluvias”, “Vientos”, “Marcas” y “Crónica”. Con traducciones de Jorge Zalamea, José Lezama Lima, Rosario Castellanos, Lorenza Fernández del Valle, Juan Carvajal y Lysandro Z. D. Galtier, sus versos retratan un mundo en renovación y destrucción incesante, teñido de un idealismo profético que, a semejanza de poetas como Arthur Rimbaud, Paul Verlaine y Charles Baudelaire, aspira a crear estremecimientos nuevos, a conectar sensibilidades mediante un profundo trayecto por la geografía de otros continentes. De este modo, el Caribe, Asia, América, Provenza, entre otros parajes, se transforman en la sede del descubrimiento y la aventura; la soledad y el exilio.
Según señala Cáceres Carenzo, estos poemas se desarrollan en torno a “los signos, las semillas, los vientos, las mareas, el ritmo incesante de las empresas humanas, la fundación de ciudades y culturas, el choque de las civilizaciones y el devenir social”. De este modo, la concepción artística de Saint-John Perse muestra una tendencia hacia la unificación de la voz colectiva; es decir, la recuperación del canto poético como identidad de pueblos enteros, como la posibilidad de tender puentes entre comunidades y celebrar los acontecimientos que cimbran el alma plural. Para lograrlo –de acuerdo con los textos que reúne “El mar y el hombre”– recurre a versos de largos metros y alientos, enriquecidos con exclamaciones y ocasionalmente transformados en prosas poéticas; así, no sólo se pueblan de metáforas: también convocan presencias y personajes.
Con estos elementos, el también ganador del Premio Nobel de Literatura en 1960 propone una obra poética de espíritu universal y universalista, cuya frescura original se conserva, pero también se enriquece, hasta nuestros días. Con una óptica tan arrebatada como cautivante, “El mar y el hombre” se erige como una lectura necesaria, en tiempos en los que la poesía experimental ha privilegiado la pirotecnia verbal sobre la vitalidad del sentido.
Saint-John Perse, "El mar y el hombre", Instituto Mexiquense de Cultura (col. Raíz del Hombre / Biblioteca Mexiquense del Bicentenario), Toluca, 2010, 166 pp.
viernes 4 de febrero de 2011
La exactitud de la incertidumbre en “Vértigos”, de Adán Medellín
Por Margarita Hernández

Con frecuencia, la literatura se vuelca alrededor de nuestras obsesiones. Así, se convierte en una radiografía de la condición humana, signada por las dudas y el temor; por la pasión y la incertidumbre. Con un aliento que viaja de la afirmación a la exploración, el cuento se transforma en un vehículo ideal para involucrarse en estos temas: su brevedad, sumada a su flexibilidad para trasponer los límites del tiempo y del espacio, ofrece una visión tensa o serena; particular o universal, de las fijaciones con las que propios y extraños gozan o se atormentan.
En esta atmósfera se ubica “Vértigos”, un volumen narrativo de Adán Medellín publicado por el Instituto Mexiquense de Cultura e incluido en El Corazón y los Confines y en la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario. Constituido por diez cuentos, poseedores de una fuerza que intriga y seduce, este libro recurre a la agudeza literaria para sumergirse en los entresijos de la mente humana y trastocar algunas fibras incómodas, que pueden paralizar, enloquecer o aliviar tanto a los personajes como a los lectores.
De esta manera, “Vértigos” conjuga el erotismo, el género policíaco, la ciencia ficción, el humor y una lluvia de imágenes perturbadoras, de impasibilidad altamente contrastante, con una prosa de gran precisión, que, en ocasiones, se aproxima a la poesía. A través de estos recursos, la muerte, el cuerpo, la sexualidad y la enfermedad encarnan la búsqueda original de las obsesiones; es decir, el sustrato primitivo en el cual se asientan el miedo como revelación; el pánico como toma de conciencia absoluta; la escritura como un acto de confrontación y evasión; la risa frente a los propios defectos, más allá de la pasión y la caída.
Con un estilo denso e impecable, sin petulancias ni pirotecnias verbales, “Vértigos” indaga, también, en los titubeos entre lo sagrado y lo profano, mediante los cuales sus personajes procuran encontrar la purificación antes de vencerse por completo. Así lo suscriben, desde el inicio, los epígrafes de Cesare Pavese y Joseph Roth, que convocan la inminencia del abismo que nos puebla; la imposibilidad de resguardar nuestros secretos, pues se revelan en los umbrales que encarnan los demás.
Por Margarita Hernández
Con frecuencia, la literatura se vuelca alrededor de nuestras obsesiones. Así, se convierte en una radiografía de la condición humana, signada por las dudas y el temor; por la pasión y la incertidumbre. Con un aliento que viaja de la afirmación a la exploración, el cuento se transforma en un vehículo ideal para involucrarse en estos temas: su brevedad, sumada a su flexibilidad para trasponer los límites del tiempo y del espacio, ofrece una visión tensa o serena; particular o universal, de las fijaciones con las que propios y extraños gozan o se atormentan.
En esta atmósfera se ubica “Vértigos”, un volumen narrativo de Adán Medellín publicado por el Instituto Mexiquense de Cultura e incluido en El Corazón y los Confines y en la Biblioteca Mexiquense del Bicentenario. Constituido por diez cuentos, poseedores de una fuerza que intriga y seduce, este libro recurre a la agudeza literaria para sumergirse en los entresijos de la mente humana y trastocar algunas fibras incómodas, que pueden paralizar, enloquecer o aliviar tanto a los personajes como a los lectores.
De esta manera, “Vértigos” conjuga el erotismo, el género policíaco, la ciencia ficción, el humor y una lluvia de imágenes perturbadoras, de impasibilidad altamente contrastante, con una prosa de gran precisión, que, en ocasiones, se aproxima a la poesía. A través de estos recursos, la muerte, el cuerpo, la sexualidad y la enfermedad encarnan la búsqueda original de las obsesiones; es decir, el sustrato primitivo en el cual se asientan el miedo como revelación; el pánico como toma de conciencia absoluta; la escritura como un acto de confrontación y evasión; la risa frente a los propios defectos, más allá de la pasión y la caída.
Con un estilo denso e impecable, sin petulancias ni pirotecnias verbales, “Vértigos” indaga, también, en los titubeos entre lo sagrado y lo profano, mediante los cuales sus personajes procuran encontrar la purificación antes de vencerse por completo. Así lo suscriben, desde el inicio, los epígrafes de Cesare Pavese y Joseph Roth, que convocan la inminencia del abismo que nos puebla; la imposibilidad de resguardar nuestros secretos, pues se revelan en los umbrales que encarnan los demás.
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